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lunes, 12 de junio de 2017

ASTARTÉ

     Astarté es la asimilación fenicia-cananea de una diosa mesopotámica que los sumerios conocían como Inanna, los acadios, asirios y babilonios como Ishtar y los israelitas como Astarot (no confundir con el demonio Astaroth).

     Relacionada con la fertilidad, sexualidad y la guerra. Su símbolo era el león, el caballo, la esfinge, la paloma y la estrella dentro de un círculo que representaba al planeta Venus. Las representaciones pictóricas la solían mostrar desnuda. Fue conocida como la estrella del alba deificada.

      Su adoración se expandió a Chipre, donde pudo haber sido combinada con un antigua diosa chipriota. Esta fusión pudo haber sido adoptada en el panteón griego en las épocas micénicas y la edad oscura. Los griegos en la época clásica, helenística y romana equipararon a Afrodita.

     Se la veía representadas en las monedas sidonias en la proa de una galera, inclinándose hacia delante con la mano derecha estirada, siendo por lo tanto el original de los mascarones de proa de todos los barcos de vela. En Sidón compartía un templo con Eshmún.

     Otros lugares donde se le rendía culto eran en Citera, Malta, y en Érice, Sicilia, de donde fue conocida para los romanos como Venus Erycina. También se la equipara a la diosa Juno. En Cartago, Astarté era adorada junto con la diosa Tanit.

     Donald Harden en Los Fenicios habla de una estatua de Astarté de Tútugi (Galera) cerca de Granada en España, que data del siglo VII-VI a.C. en la que Astarté está sentada en un trono flanqueada por esfinges sosteniendo un cuenco bajo sus pechos perforados.

     La diosa aramea Atargatis pudo haber sido originalmente equiparada a Astarté, pero el primer elemento del nombre Atargatis para relacionada a la forma ugarítica del nombre de Astarot: Athirat.

Fuentes: Wikipedia, http://es.mitologia.wikia.com/

jueves, 2 de junio de 2016

LA LEYENDA DE LA LAGUNA DE VACARAS

El Pico Veleta (Sierra Nevada)
     El Pico del Veleta es, con una altitud de 3395,68 m, la cuarta cumbre más alta de España y segunda de su cordillera, sólo por detrás del Teide (Tenerife), Mulhacén (Sierra Nevada) y Aneto (Pirineos). Está enclavado en la provincia de Granada, y pertenece a Sierra Nevada.

     Según dicen, allí se encuentra un pequeño lago, el cual, siempre ha estado envuelto en grandes misterios, ocultos en sus profundidades, donde magos y brujas hacian sus encuentros nocturnos, lejos de ojos curiosos.

      Hubo una vez, un pastor conducia su rebaño por esas montañas como siempre, pero un día, un par de ovejas se separarón demasiado del rebaño y se perdieron. El pastor, buscando sus ovejas, llego a orillas de una laguna cuando ya caía la noche, siendo demasiado tarde para volver, buscó algun lugar donde refujiarse del frio de la noche. 

     De repente, oyó voces que se acercaban, temiendo que no fueran buena gente se ocultó detrás de unos matorrales. Entre el follaje vio a dos hombres, iban extrañamente vestidos, y uno de ellos llevaba en las manos un libro abierto, el cual despedian un resplandor dorado, mientras el otro sostenía una hermosa red de pescador.

Se detuvieron a corta distancia del pastor y el pri­mero de ellos, inclinando su vista sobre las páginas del libro, leyó unos momentos y dijo a su acompañante:
-Echa la red.
La red se hundió en las aguas del lago y al momento la sintieron cargada. Tiraron con vigor hacia la super­ficie y sacaron un hermoso caballo tan negro, como la noche. El hombre que sostenía el libro, con des­deñoso semblante, exclamó:
-No, no es éste; echemos de nuevo la red. Y la echaron, y a los pocos instantes vieron salir otro caballo variegado.
-Tampoco, tampoco es éste -dijo con impacien­cia el lector; probemos una vez más. Echa la red. Esta vez, un maravilloso caballo tan blanco, que deslumbraba, apareció sobre el agua tranquila.
-Basta, éste es -murmuró el del libro.
Los dos hombres se acercaron al caballo, y le susurraron algo a los oídos, el caballo asintió, y ambos, subieron sobre la blanca montura, el animal dio un par de vueltas en la orilla, y de repente, con salto, empezó a cabalgar por el aire, desapareciendo con sus pasajeros en el cielo de la noche. El pastor contemplaba la asombrosa escena. Los vio marchar y nunca volvió a saber más de ellos.
Otra leyenda sobre el lago dice que llegará el día en que saldrá un día del monte e, irrumpiendo fe­roz e inclemente, anegará la ciudad. Y Granada y su vega desaparecerán bajo el turbión. Esto es tan cierto, que una noche un pastor que estaba sentado junto al lago, oyó una voz que interrogaba, amenazadora:
-¿Quieres que rompa el dique? Dime que sí, e inun­daré Granada.
Y otra voz, grave y piadosa, respondía:
-Todavía no, todavía no.
Otra vez fue un fraile el que, estando sentado a la orilla del lago, se vio sorprendido por la ingrata pre­sencia del diablo, que merodeaba por aquellos luga­res, en busca de almas a quienes tentar.


Fuentes: Wikipedia, http://tiocarlosproducciones02.blogspot.com.es, Universidades Lectoras

domingo, 27 de septiembre de 2015

LA LEYENDA DE LA TORRE MALMUERTA

 
La Torre de la Malmuerta, Barrio de Santa Marina
   En la ciudad de Córdoba, encontramos una Torre en el barrio de Santa Marina, construida a principios del Siglo XV.
De planta octogonal u ochavada, la torre se apoya en un arco que corta la muralla que va a descansar en la Puerta del Rincón. Bajo el arco se pueden observar las armas reales y una inscripción casi borrada que ha dado pie a una de las leyendas existentes sobre esta torre. Está construida con piedra de cantería.


      Esta torre tiene una historia que, a través de los siglos, se convirtió en leyenda. A principios del siglo XV, habia un caballero del linaje de los Gómez de Figueroa, que se enamoró de una joven que podría haber sido su nieta. Muchos le aconsejaron que se olvidara de la doncella, pero el caballero no podía olvidarse de ella. La joven se llamaba Clara de Herrera,  era muy bella, noble y caritativa.

       El caballero, al final, le propueso matrimonio y ella aceptó. Mucha gente crítico este compromiso, y muchos afirmaron que el único motivo que tenía ella para aceptar, era por puro interes, para el día de mañana heredar todas las propiedades de este.

      Muchos hombres, intentaban acercase a la joven, con la idea de que, cuando el señor falleciera, conseguirla a ella y toda su fortuna. El caballero se daba cuenta de las intenciones de estos, y por ello sufría, aunque ella no le daba motivos para ello, llegó a obsesionarse. Clara, para evitarle ese sufrimiento, limitó sus salidas a la calle, y si lo hacia era siempre acompañada de su esposo. Como consecuencia, también dejo de asistir a las actividades de asistencia para los más necesitados, así que, les dijo que a partir de entonces, tendrían que acudir a la reja de la casona que tenía en el barrio de Santa Marina, para que estos pudieran recibir las ayudas que precisaban.

      Aun así, Clara no conseguía calmar a su esposo, que cada vez iba perdiendo más la cabeza, hasta el punto de sospechar de los propios mendigos, que utilizaban la caridad de su esposa para acercarse a ella e intentar cortejarla. 

      Al final, el esposo, decidió acudir a una hechicera que vivía en la judería cordobesa. La hechicera le escuchó y tras unos rituales, le preparó una bebida que, según ella, le ayudaría a ver lo que realmente pasaba. Después de tomarla, el caballero entró en una especie de trance y tuvo una visión, donde vio a su esposa yaciendo en su cama con otro hombre. Sin mediar palabra, se dirigió veloz a su casa, fue directo hacia ella, y sin decir nada, empezó apuñalarla hasta matarla. 

        Fue apresado, pero debido a su linaje, sólo el rey Don Enrique III de Castilla podía juzgarle. Durante el juicio, fueron muchos los testigos los que hablaron a favor de Doña Clara, y que nunca dio motivos ni señales de ninguna traición. Ante estas declaraciones, el rey, sólo pudo sentenciar que la joven había sido asesinada sin ningún motivo, que fue "malmuerta" y el caballero fue condenado a estar encerrado para siempre y tenía que restaurar la memoria de su esposa.

      El rey le obligó a vender todas sus propiedades, derribar la casona donde se cometió el asesinato y construir, en su lugar, una torre que se llamaría “la Malmuerta”, y purgar su pena en la torre hasta la muerte. La hechicera, fue sentenciada a morir en la hoguera. Pero cuando los albañiles iban a levantar la torre, se dieron cuenta de que quedaría situada varios metros fuera de las nuevas murallas.

      Al final, construyeron la torre en el lugar exacto, conectándola a la muralla por un arco de medio punto. Se edificó la torre albarrana (situada extra muros) que ha pervivido a la demolición de las murallas de Córdoba en el siglo XIX. Se cumplió así la sentencia regia de perpetuar para siempre la memoria de Clara Herrera, “La Malmuerta”.

Fuentes: Wikipedia, España Fascinante


domingo, 9 de agosto de 2015

LEYENDA DE LA TRAGANTÍA

         En la localidad de Cazorla, en Jaén, hay un antiguo castillo de Cazorla un mirador en el que, en la época de la reconquista, se podía ver todo el valle y su río lleno de molinos. Cuando los cristianos se acercaban para reclamar la ciudad, su rey, tuvo que ver como sus gentes abandonaban la ciudad cargados con lo prescindible, resignados y sin saber que sería de ellos, pero si los cristianos los capturaban, sería peor. Dos años antes, cuando los cristianos llegaron a Quesada, devastaron la ciudad, la saquearon, destruyeron las tierras de cultivo, envenenaron los pozos y se llevaron a los ciudadanos que capturaron.
 
         El rey de Cazorla, para evitar el menor daño posible a su gente permitió el éxodo de sus súbditos hacia tierras más seguras de las que podrían regresar cuando el peligro hubiese pasado, también guardó su trigo y a sus caballos. Los soldados y sus monturas se impacientaban en el patio esperando a su rey, tenían miedo que los cristianos los capturaran por el camino, pero lo que no sabían, es que su señor tenía un plan para salvar a su amada hija, aunque era un plan bastante arriesgado para ella, pero el pobre hombre estaba desesperado por evitar que le sucediera algo, así que decidió encerrarla en unas grutas que habían debajo del castillo, las cuales él era el único en saber su existencia, hasta que el peligro pasara, entonces volvería a por ella. El rey pensó que esto solo duraría unos días, y le dejo los víveres y utensilios necesarios para sobrevivir hasta su regreso.
 
          El rey y sus soldados salieron de la ciudad a toda velocidad, mientras cruzaban la ciudad no se oía ningún sonido, no se veía a nadie, su amada ciudad se había convertido en una ciudad fantasma. De pronto, un zumbido y un golpe seco, el rey había sido alcanzado por una lanza que lo derribó del caballo, empezaron a rodearlos unos ballesteros. El rey, en el suelo, intentaba desesperadamente decirles algo, pero no podía, ya que la lanza, le había atravesado el cuello, impidiéndole hablar. El rey se quedó mirando el amanecer, era el día de San Juan, y eso fue lo último que vio.
 
         Los cristianos tomaron la ciudad sin encontrar ninguna resistencia y decidieron establecerse allí. Vinieron colonos de todos los lugares, los cuales le devolvieron la vida a la ciudad.
      
           Mientras tanto, en las profundidades del castillo, en las galerías, permanecía oculta la hija del rey, ajena a todo lo que había pasado. Ella seguía esperando el regreso de su padre, pero según iban pasando los días los alimentos se iban acabando, se quedó sin luz y muerta de frío, sólo tenía unas pocas mantas para protegerse. Empezó a tener pesadillas, sufría de fiebres, las piernas le dolían, y su piel estaba adquiriendo un tacto viscoso y, día tras día, sin saber porque, su cuerpo iban cambiando forma, hasta que sus miembros inferiores se transformaron en una especie de cola de serpiente. La princesa siguió en la cueva, resignada a su existencia de soledad, reptando por las galerías.
La Tragantía
            Desde entonces, en la noche de San Juan, si alguien se acerca a las galerías puede escuchar la dulce voz de Trangantía cantando:




Yo soy la Tragantía

hija del rey moro,
el que me oiga cantar
no verá la luz del día
ni la noche de San Juan.

 
           La leyenda dice que si un niño escucha esta canción, el monstruo lo devora. Por eso la gente menuda procura irse a la cama y estar dormida muy temprano.
 
          En una torre del castillo de Cazorla hay una pesada losa con una argolla de hierro que nadie se ha atrevido a levantar. Se dice que es la entrada, seguida de larguísima escalera angosta, que lleva al subterráneo donde el rey de Cazorla ocultó a su hija. A un postigo del mismo alcázar le llaman de la Tragantía y a una solitaria cueva que está en el camino, de Montesino.
Fuentes: Cultura Andalucía