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miércoles, 23 de agosto de 2017

BRUJA

El Círculo Mágico, de John William
     Una bruja o brujo, es una persona que practica la brujería. La representación de una bruja se asocia a una mujer con capacidad de volar montada en una escoba, así como con el Aquelarre y con la caza de brujas. Al brujo algunos lo asocian con el vidente o con el clarividente, otros lo asocian con el chamán, mientras que otros lo asocian con un brujo de tribu más orientado a la curación de enfermos del cuerpo y del alma, etc. 

    La palabra española «bruja» es de etimología dudosa, posiblemente prerromana, del mismo origen que el portugués y gallego bruxa y el catalán bruixa. En el País Vasco y en Navarra se utilizó también el término sorgin.

     Al comienzo del Medioevo, Clodoveo I, rey de los francos del año 481 al año 511, promulgó la llamada Lex Salica condenando a las brujas a pagar fuertes multas. Y Carlomagno, establecido entre los años 780 a 782, prisión para los adeptos a la brujería.

     Paralelamente, se desarrolló toda una literatura de inquisición denunciando los poderes maléficos de las brujas. Pero es en 1326, a través de una bula pontificia del papa Juan XXII, que podemos decir realmente comienza una exacerbada persecución a las brujas, la que se extendió por cerca de cuatro siglos. Durante esos procesos dirigidos contra las brujas y los magos, las creencias y los mitos se establecieron y se consolidaron. 

     La Iglesia Católica del siglo XV decidió publicar la bula apostólica Summis desiderantes affectibus en 1484, seguido de un manual demonológico, Malleus maleficarum (Martillo de las brujas), escrito por dos inquisidores domínicos, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger.

     En 1563, Jean Wier, médico en la corte del ducado de Cléveris, deseoso de suavizar y atemperar las primeras persecuciones, afirmó que consideraba a las brujas como simples espíritus perdidos, lo que Michel de Montaigne compartió y reafirmó en la reedición de sus ensayos en 1588.

     Las ejecuciones de brujas se legitimaban por las confesiones que los inquisidores les arrancaban, a menudo bajo tortura, o engañando y confundiendo a las inculpadas con promesas mentirosas. Al principio, los procesos eran dirigidos por gente de Iglesia, más tarde, fueron encargados a los laicos. En 1599, el rey Jacobo I de Inglaterra mostró como es posible probar la culpabilidad, pinchándola, o bien echándola al agua: si se la pinchaba y no sangraba, la susodicha era reconocida como culpable de brujería; y por su parte, si se tiraba al agua a la mujer y no se ahogaba, también ello se interpretaba como signo de que era una bruja.

     Siglos XVI y XVII fueron los que sufrieron las persecuciones más horribles y numerosas. Anteriormente, se consideraba que los brujos eran tanto hombres como mujeres, pero los procesos de brujería fueron casi exclusivamente en contra de las mujeres.

     La caza de brujas tuvo dos etapas álgidas : la primera entre 1480 y 1520, y la segunda entre 1560 y 1650. Las últimas persecuciones y los últimos procesos concluyeron hacia el fin del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

     Se estima hoy día que el número de víctimas fue entre 50.000 y 100.000. ​ Obviamente, nos estamos refiriendo a un número elevado de afectados en proporción a la población europea de la época. Y entre estos condenados a muerte, se estima que alrededor del 80 % de las víctimas fueron mujeres.

     Estas mujeres frecuentemente pertenecían a las clases populares, y entre ellas, sólo una minoría hubieran podido ser catalogadas como enfermas mentales o como auténticas criminales. Eran de todas las edades y condiciones, y de diversas confesiones religiosas, con frecuencia parteras o curanderas, pues los remedios de estas últimas se basaban en brevajes y también en infusiones o decocciones de raíces y de hierbas. 

     Un medio horrible y despiadado de saber a ciencia cierta si una mujer era una bruja, consistía en tirarla al agua con las manos y los pies atados. Como en teoría, una bruja era más liviana que el agua, si flotaba y no se ahogaba era rápidamente rescatada y quemada viva, mientras que si por el contrario la mujer se ahogaba, ello era prueba que había muerto inocente.

     Por lo general, las mujeres de clases privilegiadas escapaban a este tipo de acusaciones y de persecuciones, aún cuando un escándalo salpicara a un personaje importante en la Corte, pero esa no fue la situación en el llamado caso de los venenos, episodio ocurrido en París entre 1670 y 1682, y que implicó la acusación y muerte de varias decenas de personas. Por su parte, Catalina de Médici no vaciló en utilizar este tipo de acosos y de procesos para eliminar a algunos personajes políticamente molestos, en oportunidad de ejercer las sucesivas regencias en nombre de sus hijos menores, entre 1559 y 1574.

     La creencia en las brujas y los procesos de brujas realmente comenzaron a ponerse en duda en forma más o menos generalizada a partir del fin del siglo XVII.

     El pastor alemán Anton Praetorius, editó en 1602 el libro Sobre el estudio en profundidad de la brujería y de las brujas, en donde se expresaba en contra de la caza de brujas y en contra de la tortura. En Francia, Louis XIV remplazó las ejecuciones a muerte por destierros de por vida, y en Estados Unidos, el juez y el jurado de Massachusetts, responsables del llamado Procesos de Salem (1692-1693), firmaron un arrepentimiento público en el cual se retractaban por lo hecho.

   En Inglaterra, la ley contra la brujería fue definitivamente abolida en 1736, lo que desgraciadamente no impidió el ahorcamiento de la última bruja inglesa en 1808.

     Las últimas condenadas que fueron quemadas en Europa, datan del fin del siglo XVIII y principios del siglo XIX, como por ejemplo Anna Göldin en 1782 en Suiza, o una condenada en 1793 en Polonia. Y en Francia, una mujer acusada de brujería fue quemada por campesinos el 28 de julio de 1826, mientras que otra en 1856 fue lanzada dentro de un horno en la comuna de Camalès.

Vuelo de Brujas, de Francisco de Goya
     Hacia el fin del siglo XV, europeos instruidos creían que las brujas practicaban actividades diabólicas, como por ejemplo la magia negra o el mal de ojo.​ Creían que todas las brujas o casi todas ellas hacían un pacto con el diablo, y que daba a la bruja el poder de desarrollar maleficios.

     Las brujas rechazaban la fe cristiana, y eran rebautizadas por Satanás, como símbolo de sumisión. Luego el diablo aplicaba entonces una marca sobre la bruja. 

     A través de ese pacto, ambas partes se comprometían a respetar una especie de contrato jurídico, que obligaba al diablo a abastecer de riquezas y de poderes a la bruja, quien a cambio prometía sumisión, y se comprometía a entregar su alma después de su muerte. La cuestión de los vuelos nocturnos, de la posible transformación en algún animal, y de las reuniones junto a una figura sobrenatural, formó parte de manera temprana de la creencia. Pero la asociación de las brujas con el maligno, con el crimen, y con la sexualidad, fue una teoríaalgo más tardía, y que se elaboró poco a poco en el siglo XVI.

     Los ingredientes del sabbat, comprendían un culto organizado consagrado y devotos a demonios. La presencia de estos bajo una forma semianimal, las orgías, la profanación de los sacramentos, fueron ideas y creencias elaboradas bajo la influencia de los teólogos y los inquisidores de mediados del siglo XIII a mediados del siglo XV, y difundidas a través de tratados de demonología, como por ejemplo el Malleus maleficarum, o como los predicamentos de San Bernardino de Siena, luego confirmados por los miembros laicos de los tribunales de justicia o de los parlamentos.

     Las acusadas de brujas en esa época, fueron forzadas a suscribir o a ratificar, bajo tortura o presión psicológica, a ese marco de creencias y ese estado de cosas, y sus confesiones así confirmaban, a ojos de muchos, la validez de los hechos relatados y la existencia de los poderes ocultos mencionados, contribuyendo así a difundir estas suposiciones.

Fuente: Wikipedia

viernes, 16 de junio de 2017

SORGINAS / SORGIÑAS

Las Brujas, de Goya
     Sorgina quiere decir bruja en euskera. Las leyendas las sitúan como asistentes de la diosa Mari en su lucha por hacer pagar cara la mentira. Como personajes históricos, las "sorginak" se reunían las noches de los viernes en un "aquelarre" para celebrar rituales mágico-eróticos, que han pasado a la historia debido especialmente al célebre proceso de las Brujas de Zugarramurdi. No hay que confundir este término con el de adivino/a, que recibe el nombre de azti.

     En sus orígenes, según Julio Caro Baroja, "la Brujería vasca aparece ligada a una peculiar situación social del país y adherida a una tradición de paganismo, que hacía decir a varias personas del siglo XV que los vascos, tan católicos hoy, eran gentiles (paganos)". 

      En 1466 una representación de Guipúzcoa se dirigió al rey de Castilla Enrique IV para pedirle que autorizara a los alcaldes para que se pudieran sentenciar y ejecutar sin posibilidad de apelación en casos de brujería, alegando que las brujas estaban causando grandes daños y perjuicios en la provincia. El rey accedió por una real cédula fechada en Valladolid el 15 de agosto de aquel mismo año. 
     Hacia 1500 se abren varios procesos contra los brujos y brujas de la sierra de Amboto (en el Señorío de Vizcaya) en la que se dice que vive una especie de divinidad llamada la "Dama de Amboto". En esta ocasión ya se habla de rituales de adoración al diablo en figura, entre otras, de macho cabrío. Siete años después aparece otro foco de brujería en un lugar no precisado que hace que intervenga el tribunal de la Inquisición española de Logroño, produciéndose la quema de unas treinta supuestas brujas.

     En 1517 se publica un tratado sobre supersticiones (Tractatus de Superstitionibus) de Martin de Arles, canónigo de Pamplona, que parece que se escribió en el siglo anterior, y en el que se refiere a las brujas del reino de Navarra. En el libro recoge la idea tradicional de la Iglesia, que arranca de Agustín de Hipona, que considera que lo que hacen las brujas es una ilusión provocada por el diablo.

      En 1527 surge un nuevo caso en Navarra. En ese año dos niñas se presentan ante el Consejo Real de Navarra en Pamplona declarándose brujas, ofreciendose para delatar a otras de su oficio, alegando que sólo entre ellas se identifican. Los oidores del Consejo les creyeron y nombraron a un inquisidor llamado Avellaneda para que junto con un grupo de cincuenta soldados fuera de pueblo en pueblo por los valles del Pirineo Navarro deteniendo a quienes señalaran las niñas. Siguiendo el procedimiento propuesto por éstas, mirar el ojo izquierdo de los sospechosos, fueron detenidos ciento cincuenta presuntos brujos y brujas. 

     En 1528 hubo una campaña contra la brujería en el Señorío de Vizcaya llevada a cabo por fray Juan de Zumárraga nombrado inquisidor y en la que también participó Avellaneda y Sancho de Carranza, inquisidor de Calahorra. En 1530 las Juntas Generales de Guipúzcoa pidieron la intervención de un inquisidor para que acabara con las brujas, quien según la tradición murió envenenado por ellas. Hubo otro foco en Navarra en 1538 que dio lugar a numerosas detenciones y en 1555 varios pueblos de Guipúzcoa volvieron a reclamar la intervención de la Inquisición, pero el Consejo de la Suprema Inquisición estimó que los casos que habían sido relatados en los memoriales que se le habían enviado no habían sido verificados, ni comprobados, por lo que no envió ningún inquisidor. Ese mismo año un tribunal civil de Bilbao abrió un proceso contra unas supuestas brujas de la localidad vizcaína de Ceberio, basándose en el testimonio de dos niñas, al parecer instigadas por los dos bandos enfrentados en el pueblo. Veintiuna personas fueron encarceladas, diecisiete mujeres y cuatro hombres, y condenadas al tormento de agua y cordel. En 1575 hubo un nuevo caso en Navarra y bastantes hombres y mujeres fueron encarcelados por orden del Consejo del reino. Como en 1555 la Inquisición se mostró mucho más prudente que las autoridades civiles que exigían un castigo ejemplar y se negó a emplear un rigor excesivo. En 1595 los representantes de la villa de Tolosa en las juntas generales de Guipúzcoa piden la intervención de la Inquisición debido a la gran cantidad de brujos y brujas que había en su zona.
     En la actualidad, la brujería vasca no ha desaparecido. En 1826 el alcalde de Fuenterrabía extendió un certificado a una mujer, a petición de ésta, en el que se hacía constar que no era bruja, sino católica apostólica romana. Al parecer se trataba de una curandera a la que un cliente insatisfecho la había denunciado. En épocas más recientes ha habido indicios, recogidos por Julio Caro Baroja, de que "algunas gentes han celebrado reuniones de aire misterioso y de intención diabólica".
     Hay lugares que se consideran puntos de reuniones de brujas, como las cuevas de Zugarramurdi o la de Azcondo, el dólmen de Arrizala (Álava), la fuente de Narbaja (Álava), o la peña de Osquia, en el valle de Iza (Navarra), entre otros. Así al pasar por ellos se tomaban precauciones como coger guijarros y trazar una cruz con ellos.

Fuente: Wikipedia

miércoles, 26 de agosto de 2015

AQUELARRE

         El "aquelarre" o "sabbat" se utiliza para llamar a la agrupación o reunión de brujas y brujos para la realización de rituales y hechizos, actos de invocación y adoración a Lucifer

         El término "sabbat", en el judaísmo significa Sábado, que es su día Santo. Se cree que se empezó a relacionar este término con la brujería, en la época de la Edad Media, cuando los gobernantes querían desprestigiar a los judíos, asociando de forma negativa el judaísmo con la doración del demonio.

          "Aquelarre" viene la palabra vasca akelarre que significa "prado del macho cabrío", ya que se estimaba que el Diablo se hacía presente en medio de las brujas bajo esta forma; es el lugar donde las brujas celebran sus reuniones y sus rituales.

Aquelarre
         El antropólogo español Carmelo Lisón Tolosana explica las etapas del aquelarre, a partir de la relación del proceso inquisitorial publicada en Logroño a principios de 1611, pocos meses después de realizarse el auto de fe en el que seis brujas y brujos fueron quemados vivos. Según Carmelo Lisón, el Aquelarre se dividía en partes:

           -La Convocatoria: La asistencia al aquelarre era obligatoria, si no, eran castigados. Los mecanismos más usuales para convocar el aquelarre eran una campana que sólo oían los adeptos y un escozor en la llamada marca del Diablo, que el brujo ocultaba y que los inquisidores utilizaban como prueba en los juicios por brujería.

                 -El Homenaje al Demonio: Eran ofrendas al Demonio.  Los primeros en dar su ofrenda son los brujos de mayor jerarquía, los últimos los brujos novicios o recién iniciados. A estos se les coloca la marca que distingue a un brujo en una parte recóndita del cuerpo y pasan desde ese momento a ser miembros plenos de la cofradía. En cuanto al baile, la danza comienza con movimientos organizados; pueden danzar en círculo, unidos por los hombros, o formando el ouroboros, la serpiente que se muerde la cola. Poco a poco, la danza pierde unidad y se va transformando en una sucesión frenética de sacudidas.

                 -La Misa Negra y la Orgía: Cuando llegaba el momento de la consagración el demonio alzaba algo parecido a una suela de zapato donde estaba su figura y decía "Esto es mi cuerpo" y a continuación un cáliz de madera, negro y feo, mientras los brujos lo adoraban arrodillados. Después los brujos y brujas se acercaban al "altar", que estaba cubierto con un viejo paño negro, feo y deslucido y comían y bebían lo que el oficiante había "consagrado", siendo una réplica exacta de la misa cristiana, pero el final era completamente diferente. El demonio copulaba con las brujas y sodomizaba a los brujos y después comenzaba la orgía, en la que volvía a participar el diablo. "Brujos y brujas se mezclan sexualmente y aparean unos con otros en total promiscuidad, sin consideraciones de sexo ni grados de parentesco".Para algunos inquisidores, la razón última del sabbat era precisamente el emparejamiento sexual con el Diablo y el de los brujos entre sí. Cuanto más repugnante y ofensivo fuera el acto sexual, más favorable era a los ojos de Satanás.

                 -El Banquete: comían cadáveres de brujos fallecidos recientemente o de víctimas de sus actos maléficos, especialmente niños, que desenterraban de las sepulturas acompañados del demonio y de sus criados. "Allí mismo y sobre la sepultura les sacan las tripas y los descuartizan; cubren la sepultura para que no se advierta la profanación y se ponen en camino de vuelta al aquelarre con gran regocijo y contento, llevando los padres los cadáveres de los hijos o los hijos a los de sus padres y hermanos y las mujeres a sus maridos. Allí los despedazan y los dividen en tres partes: una la asan, otra la cuecen y la tercera la dejan cruda; reparten las viandas los parientes más cercanos, reservando el corazón para el demonio". Algunos de los interrogados por los inquisidores confesaron también que raptaban niños y les chupaban la sangre, mientras el demonio les decía: "Chupa y traga eso, que es bueno para vosotras".
 
         El aquelarre acaba al amanecer cuando suenan las primeras campanadas de la iglesia o con el canto del gallo.

Fuente: Wikipedia

LAS BRUJAS DEL BAILADERO DE ANAGA

        Hoy nos trasladamos a las Islas Canarias, más concretamente al Macizo de Anaga, Tenerife. Según las leyendas, las brujas del Bailadero de Anaga eran mujeres que se dedicaban a hacer aquelarre, vestidas con ropas oscuras, subían de noche a lo alto del monte, ocultándose en la espesura del bosque, donde se podían escuchar cantos, si te acercabas las podías ver bailar alrededor de una hoguera, por eso a esas zonas se les llamó "Bailadero de las Brujas".
Bailadero de Anaga (Tenerife)

           A pesar de las creencias populares, que atribuían a estas reuniones un carácter de índole oscura y brujeril, nunca se ha llegado a conocer que en el lugar se diera el caso de rituales de sacrificios de  animales, o incluso humanos como bien datan de otras zonas del territorio canario, por lo que se supone que los aquelarres tenían unas raíces orientadas hacia ritos sexuales y paganos hacia la naturaleza, para pedir fertilidad para la tierra, y en épocas de sequía, lluvias, generalmente.
Aquelarre de Francisco de Goya
           Se cree en la autenticidad de estas historias porque hay pruebas de que si  pudo existir un verdadero "hervidero" de actos brujeriles en su época, ya que éstas historias sobre el Bailadero de las brujas en Anaga no sólo han llegado a nuestros días por medio del boca a boca durante generaciones, ya que además del saber popular, han habido cronistas de la época que recogían sus testimonios sobre los acontecimientos en sus obras.
          A pesar de ser este el más célebre, no es el único que hay en la zona, pues en la toponimia de Anaga podemos encontrar otros como:
  • El Bailadero de la Punta de Anaga, sobre el que se levanta el actual cementerio de la zona.
  • El Bailadero de Chinamada.
  • El Bailadero, cerca del "Llano de las Brujas", en La Orilla (Tegueste).
          Además por todo el macizo de Anaga existen multitud de referencias a las tradiciones brujeriles como por ejemplo la Playa de las Brujas, llamada así porque según la tradición fue uno de los lugares donde las brujas se bañaban desnudas después de sus rituales.

Fuentes: Wikipedia, Enigmas del Mundo
 

viernes, 17 de julio de 2015

LA BRUJA DE LA CATEDRAL DE GIRONA

        En la ciudad de Girona, se encuentra la Catedral de Santa María de Girona, del siglo XI al XVIII, de estilo románico y gótico. En ella podemos ver la única gárgola con aspecto humano situada junto a la torre de Carlemany.

        Según la leyenda, existía una mujer que se dedicaba a las malas artes de la brujería, la gente decían que la habían visto volar, incluso hay una anécdota de un lugareño que contó, que una noche, cuando volvía a su casa, se le cruzó un gato negro, el hombre le lanzó una piedra para ahuyentarlo, dándole con la piedra en la cabeza. Al día siguiente, se cruzó con esta mujer y vio que llevaba la frente vendada en la misma zona donde le dio al gato, y se creó el rumor de que la bruja también podía cambiar de forma por las noches.

       Esta mujer, tiraba piedras en las paredes de la catedral de la ciudad, insultando y riéndose a mandíbula abierta. Los ataques con piedras a los muros de la catedral sucedían siempre después del Ángelus, cuando los vecinos estaban en sus casas y no se veía un alma por las calles. También armaba escándalos durante las ceremonias y procesiones, insultando a arrojando piedras a los que participaban.


       Un día, durante la procesión del Corpus, mientras la bruja hacia de las suyas, se oyó una voz misteriosa que decía “piedras tiras, piedras tirarás, y de piedra te quedarás”. La bruja se convirtió en gárgola de piedra, quedando enganchada y empotrada en una de los contrafuertes del claustro, cerca de la llamada torre de Carlomagno, para que de su boca no salieran palabrotas o maldiciones, sino únicamente el agua de la lluvia, y mirando hacia el suelo para que nunca más pudiera ver el cielo. Al día siguiente, los vecinos de la ciudad pudieron contemplar como había surgido en el muro la deforme figura de piedra y reconocieron en sus rasgos a la vieja. Así acabaron los temores de que la bruja empleara sus malas artes y poderes mágicos contra ellos. Como castigo, acabó siendo parte para siempre del objeto de sus maldades.


La Bruja, cerca de la Torre de Carlomagno





Fuentes: Wikipedia, Leyendas de Girona, Tierra de Leyendas