Mostrando entradas con la etiqueta Inquisición. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inquisición. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de agosto de 2017

BRUJA

El Círculo Mágico, de John William
     Una bruja o brujo, es una persona que practica la brujería. La representación de una bruja se asocia a una mujer con capacidad de volar montada en una escoba, así como con el Aquelarre y con la caza de brujas. Al brujo algunos lo asocian con el vidente o con el clarividente, otros lo asocian con el chamán, mientras que otros lo asocian con un brujo de tribu más orientado a la curación de enfermos del cuerpo y del alma, etc. 

    La palabra española «bruja» es de etimología dudosa, posiblemente prerromana, del mismo origen que el portugués y gallego bruxa y el catalán bruixa. En el País Vasco y en Navarra se utilizó también el término sorgin.

     Al comienzo del Medioevo, Clodoveo I, rey de los francos del año 481 al año 511, promulgó la llamada Lex Salica condenando a las brujas a pagar fuertes multas. Y Carlomagno, establecido entre los años 780 a 782, prisión para los adeptos a la brujería.

     Paralelamente, se desarrolló toda una literatura de inquisición denunciando los poderes maléficos de las brujas. Pero es en 1326, a través de una bula pontificia del papa Juan XXII, que podemos decir realmente comienza una exacerbada persecución a las brujas, la que se extendió por cerca de cuatro siglos. Durante esos procesos dirigidos contra las brujas y los magos, las creencias y los mitos se establecieron y se consolidaron. 

     La Iglesia Católica del siglo XV decidió publicar la bula apostólica Summis desiderantes affectibus en 1484, seguido de un manual demonológico, Malleus maleficarum (Martillo de las brujas), escrito por dos inquisidores domínicos, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger.

     En 1563, Jean Wier, médico en la corte del ducado de Cléveris, deseoso de suavizar y atemperar las primeras persecuciones, afirmó que consideraba a las brujas como simples espíritus perdidos, lo que Michel de Montaigne compartió y reafirmó en la reedición de sus ensayos en 1588.

     Las ejecuciones de brujas se legitimaban por las confesiones que los inquisidores les arrancaban, a menudo bajo tortura, o engañando y confundiendo a las inculpadas con promesas mentirosas. Al principio, los procesos eran dirigidos por gente de Iglesia, más tarde, fueron encargados a los laicos. En 1599, el rey Jacobo I de Inglaterra mostró como es posible probar la culpabilidad, pinchándola, o bien echándola al agua: si se la pinchaba y no sangraba, la susodicha era reconocida como culpable de brujería; y por su parte, si se tiraba al agua a la mujer y no se ahogaba, también ello se interpretaba como signo de que era una bruja.

     Siglos XVI y XVII fueron los que sufrieron las persecuciones más horribles y numerosas. Anteriormente, se consideraba que los brujos eran tanto hombres como mujeres, pero los procesos de brujería fueron casi exclusivamente en contra de las mujeres.

     La caza de brujas tuvo dos etapas álgidas : la primera entre 1480 y 1520, y la segunda entre 1560 y 1650. Las últimas persecuciones y los últimos procesos concluyeron hacia el fin del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

     Se estima hoy día que el número de víctimas fue entre 50.000 y 100.000. ​ Obviamente, nos estamos refiriendo a un número elevado de afectados en proporción a la población europea de la época. Y entre estos condenados a muerte, se estima que alrededor del 80 % de las víctimas fueron mujeres.

     Estas mujeres frecuentemente pertenecían a las clases populares, y entre ellas, sólo una minoría hubieran podido ser catalogadas como enfermas mentales o como auténticas criminales. Eran de todas las edades y condiciones, y de diversas confesiones religiosas, con frecuencia parteras o curanderas, pues los remedios de estas últimas se basaban en brevajes y también en infusiones o decocciones de raíces y de hierbas. 

     Un medio horrible y despiadado de saber a ciencia cierta si una mujer era una bruja, consistía en tirarla al agua con las manos y los pies atados. Como en teoría, una bruja era más liviana que el agua, si flotaba y no se ahogaba era rápidamente rescatada y quemada viva, mientras que si por el contrario la mujer se ahogaba, ello era prueba que había muerto inocente.

     Por lo general, las mujeres de clases privilegiadas escapaban a este tipo de acusaciones y de persecuciones, aún cuando un escándalo salpicara a un personaje importante en la Corte, pero esa no fue la situación en el llamado caso de los venenos, episodio ocurrido en París entre 1670 y 1682, y que implicó la acusación y muerte de varias decenas de personas. Por su parte, Catalina de Médici no vaciló en utilizar este tipo de acosos y de procesos para eliminar a algunos personajes políticamente molestos, en oportunidad de ejercer las sucesivas regencias en nombre de sus hijos menores, entre 1559 y 1574.

     La creencia en las brujas y los procesos de brujas realmente comenzaron a ponerse en duda en forma más o menos generalizada a partir del fin del siglo XVII.

     El pastor alemán Anton Praetorius, editó en 1602 el libro Sobre el estudio en profundidad de la brujería y de las brujas, en donde se expresaba en contra de la caza de brujas y en contra de la tortura. En Francia, Louis XIV remplazó las ejecuciones a muerte por destierros de por vida, y en Estados Unidos, el juez y el jurado de Massachusetts, responsables del llamado Procesos de Salem (1692-1693), firmaron un arrepentimiento público en el cual se retractaban por lo hecho.

   En Inglaterra, la ley contra la brujería fue definitivamente abolida en 1736, lo que desgraciadamente no impidió el ahorcamiento de la última bruja inglesa en 1808.

     Las últimas condenadas que fueron quemadas en Europa, datan del fin del siglo XVIII y principios del siglo XIX, como por ejemplo Anna Göldin en 1782 en Suiza, o una condenada en 1793 en Polonia. Y en Francia, una mujer acusada de brujería fue quemada por campesinos el 28 de julio de 1826, mientras que otra en 1856 fue lanzada dentro de un horno en la comuna de Camalès.

Vuelo de Brujas, de Francisco de Goya
     Hacia el fin del siglo XV, europeos instruidos creían que las brujas practicaban actividades diabólicas, como por ejemplo la magia negra o el mal de ojo.​ Creían que todas las brujas o casi todas ellas hacían un pacto con el diablo, y que daba a la bruja el poder de desarrollar maleficios.

     Las brujas rechazaban la fe cristiana, y eran rebautizadas por Satanás, como símbolo de sumisión. Luego el diablo aplicaba entonces una marca sobre la bruja. 

     A través de ese pacto, ambas partes se comprometían a respetar una especie de contrato jurídico, que obligaba al diablo a abastecer de riquezas y de poderes a la bruja, quien a cambio prometía sumisión, y se comprometía a entregar su alma después de su muerte. La cuestión de los vuelos nocturnos, de la posible transformación en algún animal, y de las reuniones junto a una figura sobrenatural, formó parte de manera temprana de la creencia. Pero la asociación de las brujas con el maligno, con el crimen, y con la sexualidad, fue una teoríaalgo más tardía, y que se elaboró poco a poco en el siglo XVI.

     Los ingredientes del sabbat, comprendían un culto organizado consagrado y devotos a demonios. La presencia de estos bajo una forma semianimal, las orgías, la profanación de los sacramentos, fueron ideas y creencias elaboradas bajo la influencia de los teólogos y los inquisidores de mediados del siglo XIII a mediados del siglo XV, y difundidas a través de tratados de demonología, como por ejemplo el Malleus maleficarum, o como los predicamentos de San Bernardino de Siena, luego confirmados por los miembros laicos de los tribunales de justicia o de los parlamentos.

     Las acusadas de brujas en esa época, fueron forzadas a suscribir o a ratificar, bajo tortura o presión psicológica, a ese marco de creencias y ese estado de cosas, y sus confesiones así confirmaban, a ojos de muchos, la validez de los hechos relatados y la existencia de los poderes ocultos mencionados, contribuyendo así a difundir estas suposiciones.

Fuente: Wikipedia

viernes, 16 de junio de 2017

SORGINAS / SORGIÑAS

Las Brujas, de Goya
     Sorgina quiere decir bruja en euskera. Las leyendas las sitúan como asistentes de la diosa Mari en su lucha por hacer pagar cara la mentira. Como personajes históricos, las "sorginak" se reunían las noches de los viernes en un "aquelarre" para celebrar rituales mágico-eróticos, que han pasado a la historia debido especialmente al célebre proceso de las Brujas de Zugarramurdi. No hay que confundir este término con el de adivino/a, que recibe el nombre de azti.

     En sus orígenes, según Julio Caro Baroja, "la Brujería vasca aparece ligada a una peculiar situación social del país y adherida a una tradición de paganismo, que hacía decir a varias personas del siglo XV que los vascos, tan católicos hoy, eran gentiles (paganos)". 

      En 1466 una representación de Guipúzcoa se dirigió al rey de Castilla Enrique IV para pedirle que autorizara a los alcaldes para que se pudieran sentenciar y ejecutar sin posibilidad de apelación en casos de brujería, alegando que las brujas estaban causando grandes daños y perjuicios en la provincia. El rey accedió por una real cédula fechada en Valladolid el 15 de agosto de aquel mismo año. 
     Hacia 1500 se abren varios procesos contra los brujos y brujas de la sierra de Amboto (en el Señorío de Vizcaya) en la que se dice que vive una especie de divinidad llamada la "Dama de Amboto". En esta ocasión ya se habla de rituales de adoración al diablo en figura, entre otras, de macho cabrío. Siete años después aparece otro foco de brujería en un lugar no precisado que hace que intervenga el tribunal de la Inquisición española de Logroño, produciéndose la quema de unas treinta supuestas brujas.

     En 1517 se publica un tratado sobre supersticiones (Tractatus de Superstitionibus) de Martin de Arles, canónigo de Pamplona, que parece que se escribió en el siglo anterior, y en el que se refiere a las brujas del reino de Navarra. En el libro recoge la idea tradicional de la Iglesia, que arranca de Agustín de Hipona, que considera que lo que hacen las brujas es una ilusión provocada por el diablo.

      En 1527 surge un nuevo caso en Navarra. En ese año dos niñas se presentan ante el Consejo Real de Navarra en Pamplona declarándose brujas, ofreciendose para delatar a otras de su oficio, alegando que sólo entre ellas se identifican. Los oidores del Consejo les creyeron y nombraron a un inquisidor llamado Avellaneda para que junto con un grupo de cincuenta soldados fuera de pueblo en pueblo por los valles del Pirineo Navarro deteniendo a quienes señalaran las niñas. Siguiendo el procedimiento propuesto por éstas, mirar el ojo izquierdo de los sospechosos, fueron detenidos ciento cincuenta presuntos brujos y brujas. 

     En 1528 hubo una campaña contra la brujería en el Señorío de Vizcaya llevada a cabo por fray Juan de Zumárraga nombrado inquisidor y en la que también participó Avellaneda y Sancho de Carranza, inquisidor de Calahorra. En 1530 las Juntas Generales de Guipúzcoa pidieron la intervención de un inquisidor para que acabara con las brujas, quien según la tradición murió envenenado por ellas. Hubo otro foco en Navarra en 1538 que dio lugar a numerosas detenciones y en 1555 varios pueblos de Guipúzcoa volvieron a reclamar la intervención de la Inquisición, pero el Consejo de la Suprema Inquisición estimó que los casos que habían sido relatados en los memoriales que se le habían enviado no habían sido verificados, ni comprobados, por lo que no envió ningún inquisidor. Ese mismo año un tribunal civil de Bilbao abrió un proceso contra unas supuestas brujas de la localidad vizcaína de Ceberio, basándose en el testimonio de dos niñas, al parecer instigadas por los dos bandos enfrentados en el pueblo. Veintiuna personas fueron encarceladas, diecisiete mujeres y cuatro hombres, y condenadas al tormento de agua y cordel. En 1575 hubo un nuevo caso en Navarra y bastantes hombres y mujeres fueron encarcelados por orden del Consejo del reino. Como en 1555 la Inquisición se mostró mucho más prudente que las autoridades civiles que exigían un castigo ejemplar y se negó a emplear un rigor excesivo. En 1595 los representantes de la villa de Tolosa en las juntas generales de Guipúzcoa piden la intervención de la Inquisición debido a la gran cantidad de brujos y brujas que había en su zona.
     En la actualidad, la brujería vasca no ha desaparecido. En 1826 el alcalde de Fuenterrabía extendió un certificado a una mujer, a petición de ésta, en el que se hacía constar que no era bruja, sino católica apostólica romana. Al parecer se trataba de una curandera a la que un cliente insatisfecho la había denunciado. En épocas más recientes ha habido indicios, recogidos por Julio Caro Baroja, de que "algunas gentes han celebrado reuniones de aire misterioso y de intención diabólica".
     Hay lugares que se consideran puntos de reuniones de brujas, como las cuevas de Zugarramurdi o la de Azcondo, el dólmen de Arrizala (Álava), la fuente de Narbaja (Álava), o la peña de Osquia, en el valle de Iza (Navarra), entre otros. Así al pasar por ellos se tomaban precauciones como coger guijarros y trazar una cruz con ellos.

Fuente: Wikipedia

jueves, 10 de septiembre de 2015

BAPHOMET

         Baphomet (también Bafomet, Bafumet, Bafometo, Baffometo) es un supuesto ídolo o deidad cuyo culto se le atribuye a los Caballeros de la Orden del Temple. Su nombre apareció por primera vez cuando los templarios fueron enjuiciados por herejes. Durante el proceso muchos de los caballeros de la orden fueron sometidos a tortura, y confesaron numerosos actos heréticos (herejías). Entre ellos se incluyó la adoración a un ídolo de este nombre. Se entiende que aquellos que buscan destacar esta imagen son contrarios al cristianismo.

Representación de Baphomet
          Se ha apuntado a que el nombre pudiera ser una variante local del nombre Mahoma. Los templarios acusados de herejes vivían en Occitania, cuya lengua local era el occitano. En las lenguas vecinas se usaron los términos Mahomet (francés) y Mafumet (catalán). Esta hipótesis se apoya en que en el acta contra los templarios no se dan mayores explicaciones, apuntando a que era un término de uso habitual.

        Otras fuentes más aventuradas sostienen que la testa barbuda en cuestión correspondería a Jesucristo. Esto último estaría contradiciendo la creencia en la Resurrección. Destacan que esta cabeza (no ya una mera representación, sino una cabeza humana embalsamada) no era otra que la de Juan el Bautista.

        El rey de Francia envió órdenes selladas con la instrucción de que se abrieran el día 12 de octubre de 1307. Estas incluían la detención de todos los templarios de su zona, de cualquier rango, y la puesta a disposición de los delegados reales las propiedades de la Orden. Estas instrucciones iban acompañadas de un manifiesto en el que Felipe IV, explicaba los motivos de su proceder y señalaba los delitos de los que se acusaba a los templarios: “Como bestias de carga privadas de razón, superando de hecho la irracionalidad de las bestias en su bestialidad, han abandonado a Dios su creador y ofrecido sacrificios a los demonios y no a Dios... gente loca entregada a la adoración de ídolos”.

        En cuanto a la manera de proceder contra los templarios, era la siguiente: detener a los templarios, ocultarles el motivo, incautación de los bienes, puesta a disposición de los detenidos bajo el comisario de la Inquisición, interrogatorio y aplicar la tortura si no se obtienen resultados. Si se obtienen, se consignará por escrito y se buscarán unos testigos. La información que se les dará en ese interrogatorio es que la que posee el Papa y el rey de Francia proviene de la propia Orden, de toda confianza, que el Papa lo sabe todo, y que se les perdonará si confiesan y se les reintegrará al seno de la Iglesia.

       Hacía pocos años que la Iglesia había emitido una bula en la que se señalaba que en casos de conveniencia manifiesta podrían aplicarse métodos de tortura para encontrar la verdad y defender al pueblo de Dios. En procesos personales, la única defensa que le queda a un individuo es escribir un alegato de inocencia y listar en él los nombres de sus enemigos, de manera que si el tribunal o la comisión de la Inquisición comprueba que el delator figura en esa lista, el reo quedaría libre. En el caso de los templarios se presentó una circunstancia especialmente desfavorable para ellos: se les detuvo, se les interrogó y se les torturó individualmente por crímenes como la herejía y la idolatría que se supone que cometió la orden al completo, es decir, se les acusa personalmente por delitos colectivos.

        Algunos escritores, ante el hecho de la uniformidad en las descripciones de la ceremonia de ingreso y de algunas de las herejías descritas, sugieren la aplicación de un cuestionario en los interrogatorios y torturas. Esto no es descabellado, pues ya la orden de detención iba acompañada de las acusaciones en que se basaba y sobre las que se debía interrogar a los templarios, pero el manifiesto de procedimiento emitido por la casa real francesa lleva aparejada una lista con acusaciones básicas que hay que confirmar, aun bajo la aplicación de la tortura. Lo único que varía es la descripción del ídolo por parte de los reos que nunca llegó a despertar sorpresa ninguna en los inquisidores.

       Con respecto a las declaraciones obtenidas, algunos de ellos llegaron a mencionar la renegación de la cruz o de Cristo, pero ninguno nombró al famoso ídolo. Jules Michelet señala que las variantes son prueba de culpabilidad pero no llega a analizar las uniformidades ni a justificar la existencia de esas variantes, sobre todo cuando algunos presos templarios habían sido iniciados en ceremonias de ingreso bajo los mismos dignatarios de la Orden, pero con herejías e ídolos completamente diferentes.

      Dentro de la lista de cargos reunidos contra los templarios, aparecen más de cien acusaciones. Las referentes a la idolatría son: adoración de un gato que se les aparecía en las asambleas, que en cada provincia había ídolos, a saber, cabezas, alguna con tres caras, otras con una, y otras era una calavera humana, que adoraban a esos ídolos, o a ese ídolo, y especialmente durante los grandes capítulos y asambleas, que las veneraban como a Dios, que las veneraban como a El Salvador, que decían que esa cabeza podía salvarlos, que podía hacerlos ricos, que les dio la riqueza de la Orden, que hizo que los árboles florecieran, que hizo que la tierra germinase, que tocaban o rodeaban cada cabeza de los citados ídolos con pequeños cordones, que luego se ceñían alrededor del cuerpo, cerca de la camisa o de la carne, y que actuaban así como veneración a un ídolo. En las zonas de Francia donde no se procede a los interrogatorios con torturas, o no se cobran confesiones, o si se cobran son muy ligeras: renegación de Cristo y la absolución que daba el Maestre a algunos miembros de la Orden.

       Cuando se celebraron los concilios provinciales en otros países, el resultado fue claramente a favor del Temple, en el sentido de que no reconocieron su participación en actividades heréticas, mágicas, o demoníacas. 

      En los Estados Pontificios no se consiguió ninguna declaración. Sin embargo, cuando se insistió ante Clemente V y acabaron aplicando la tortura, se encontraron confesiones sobre la cruz, los besos obscenos y la adoración de un ídolo. En Lombardía y la Toscana se aplicó la tortura por orden de Clemente V. No obstante, aunque no se incluyeron en las actas del proceso en esa zona, se obtuvieron más negativas a las acusaciones que confesiones de culpabilidad. En Alemania los 37 templarios protestaron su inocencia y se ofrecieron a pasar la prueba de fuego para demostrarlo, así como un buen número de testigos ajenos al Temple. En un lugar más aislado, y con un cierto resentimiento hacia los templarios, por varias décadas de política poco afortunada, los testimonios, de dentro y de fuera de la Orden, eran totalmente exculpatorios.

      Por orden real se peinaron todas las casas, iglesias y encomiendas templarias con el objetivo de llevar a París cualquier imagen, ligeramente apartada de la ortodoxia, que pudiera tomarse por el famoso ídolo. No se encontró más que una imagen en la casa de la Orden en París, el famoso Temple. Se trata de una cabeza de mujer que podría ser un relicario. Un corolario a estas pruebas extraídas de las actas de los procesos contra los templarios es que la aparición en esecena de un ídolo llamado Baphomet se ciñe a las proximidades o influencia de la Corte Francesa. En zonas más alejadas, periféricas o ajenas no se encontraron testimonios, pruebas ni indicios de la existencia de un "baphomet" templario.
Fuente: Wikipedia

miércoles, 26 de agosto de 2015

AQUELARRE

         El "aquelarre" o "sabbat" se utiliza para llamar a la agrupación o reunión de brujas y brujos para la realización de rituales y hechizos, actos de invocación y adoración a Lucifer

         El término "sabbat", en el judaísmo significa Sábado, que es su día Santo. Se cree que se empezó a relacionar este término con la brujería, en la época de la Edad Media, cuando los gobernantes querían desprestigiar a los judíos, asociando de forma negativa el judaísmo con la doración del demonio.

          "Aquelarre" viene la palabra vasca akelarre que significa "prado del macho cabrío", ya que se estimaba que el Diablo se hacía presente en medio de las brujas bajo esta forma; es el lugar donde las brujas celebran sus reuniones y sus rituales.

Aquelarre
         El antropólogo español Carmelo Lisón Tolosana explica las etapas del aquelarre, a partir de la relación del proceso inquisitorial publicada en Logroño a principios de 1611, pocos meses después de realizarse el auto de fe en el que seis brujas y brujos fueron quemados vivos. Según Carmelo Lisón, el Aquelarre se dividía en partes:

           -La Convocatoria: La asistencia al aquelarre era obligatoria, si no, eran castigados. Los mecanismos más usuales para convocar el aquelarre eran una campana que sólo oían los adeptos y un escozor en la llamada marca del Diablo, que el brujo ocultaba y que los inquisidores utilizaban como prueba en los juicios por brujería.

                 -El Homenaje al Demonio: Eran ofrendas al Demonio.  Los primeros en dar su ofrenda son los brujos de mayor jerarquía, los últimos los brujos novicios o recién iniciados. A estos se les coloca la marca que distingue a un brujo en una parte recóndita del cuerpo y pasan desde ese momento a ser miembros plenos de la cofradía. En cuanto al baile, la danza comienza con movimientos organizados; pueden danzar en círculo, unidos por los hombros, o formando el ouroboros, la serpiente que se muerde la cola. Poco a poco, la danza pierde unidad y se va transformando en una sucesión frenética de sacudidas.

                 -La Misa Negra y la Orgía: Cuando llegaba el momento de la consagración el demonio alzaba algo parecido a una suela de zapato donde estaba su figura y decía "Esto es mi cuerpo" y a continuación un cáliz de madera, negro y feo, mientras los brujos lo adoraban arrodillados. Después los brujos y brujas se acercaban al "altar", que estaba cubierto con un viejo paño negro, feo y deslucido y comían y bebían lo que el oficiante había "consagrado", siendo una réplica exacta de la misa cristiana, pero el final era completamente diferente. El demonio copulaba con las brujas y sodomizaba a los brujos y después comenzaba la orgía, en la que volvía a participar el diablo. "Brujos y brujas se mezclan sexualmente y aparean unos con otros en total promiscuidad, sin consideraciones de sexo ni grados de parentesco".Para algunos inquisidores, la razón última del sabbat era precisamente el emparejamiento sexual con el Diablo y el de los brujos entre sí. Cuanto más repugnante y ofensivo fuera el acto sexual, más favorable era a los ojos de Satanás.

                 -El Banquete: comían cadáveres de brujos fallecidos recientemente o de víctimas de sus actos maléficos, especialmente niños, que desenterraban de las sepulturas acompañados del demonio y de sus criados. "Allí mismo y sobre la sepultura les sacan las tripas y los descuartizan; cubren la sepultura para que no se advierta la profanación y se ponen en camino de vuelta al aquelarre con gran regocijo y contento, llevando los padres los cadáveres de los hijos o los hijos a los de sus padres y hermanos y las mujeres a sus maridos. Allí los despedazan y los dividen en tres partes: una la asan, otra la cuecen y la tercera la dejan cruda; reparten las viandas los parientes más cercanos, reservando el corazón para el demonio". Algunos de los interrogados por los inquisidores confesaron también que raptaban niños y les chupaban la sangre, mientras el demonio les decía: "Chupa y traga eso, que es bueno para vosotras".
 
         El aquelarre acaba al amanecer cuando suenan las primeras campanadas de la iglesia o con el canto del gallo.

Fuente: Wikipedia

martes, 30 de junio de 2015

EL NIÑO SANTO DE LA GUARDIA

         La leyenda se debe a un presunto asesinato ritual de un niño, cometido por judíos y judeoconversos a finales de la década de 1480 en la localidad de La Guardia (Toledo), seguramente inspirado por la leyenda antijudía llamada calumnia de la sangre. Por este supuesto crimen ritual fueron procesados por la Inquisición varios conversos, además de dos judíos, procesados por las autoridades civiles, todos ellos quemados vivos en Ávila el 16 de noviembre de 1491. Se conservan algunos documentos del proceso, que demuestran que hubo múltiples irregularidades y que sobran pruebas de que el crimen nunca se cometió realmente. 

            La leyenda construida con estas sucesivas aportaciones afirma que ciertos conversos, tras asistir a un auto de fe en Toledo, planearon vengarse de los inquisidores mediante artes de hechicería. Para hacer su conjuro necesitaban una hostia consagrada y el corazón de un niño inocente. Juan Franco y Alonso Franco secuestraron al niño junto a la Puerta del Perdón de la catedral de Toledo y lo trasladaron a La Guardia. Allí, el día de Viernes Santo simularon un juicio. El niño, al que en la leyenda se llama Juan, fue azotado, coronado de espinas y crucificado, del mismo modo que Jesucristo. Le arrancaron el corazón, que necesitaban para el conjuro. En el momento de la muerte del niño, su madre, que era ciega, recobró milagrosamente la vista. Tras darle sepultura, los asesinos robaron una hostia consagrada. Benito García iba hacia Zamora llevando la hostia y el corazón para recabar la ayuda de otros correligionarios para realizar su conjuro, pero fue detenido en Ávila a causa de los resplandores que emitía la hostia consagrada, que el converso había escondido entre las páginas de un libro de rezos. Gracias a su confesión, se detuvo a los otros participantes en el crimen. Tras la supuesta muerte del Santo Niño, se le atribuyen también varias curaciones milagrosas.

            La hostia consagrada se conserva en el monasterio dominico de Santo Tomás, en Ávila. Del corazón se dijo que había desaparecido milagrosamente, al igual que el cuerpo del niño, por lo cual se creyó que, como Jesucristo, había resucitado.

          La mayoría de los historiadores considera que el proceso propició un clima antijudío para permitir una mejor acogida al decreto de expulsión de los judíos, que se promulgaría sólo meses después (en marzo de 1492).

Historia, El Santo Niño de La Guardia
 Fuente: Wikipedia