sábado, 30 de septiembre de 2017

ATARRABI

     En la mitología vasca, Atarrabi, era hijo de la diosa Mari, y tenia un hermano, Mikelats, de los dos hermanos, Atarrabi era el hermano bueno.

     Según una leyenda, un  día, los dos hermanos sen encontraron en una cueva a el diablo. El diablo les dijo que podia enseñarles muchas cosas, pero, a cambio, uno de ellos debería de quedarse con él para siempre. Lo echaron a suertes y le tocó al hermano de Atarrabi. Al ver a su hermano pequeño tan triste y acongojado, Atarrabi se ofreció en su lugar, y el diablo aceptó el cambio. Pero todo fue un truco de su hermano para librarse.

     El diablo preguntaba continuamente:
      —¿Dónde estás, Atarrabi?

     Y Atarrabi tenía que contestar:
      —¡Aquí estoy!

     Atarrabi decidió escapar de allí, se encaminó hacia la salida de la cueva. El diablo lo vio en el instante en que ponía un pie fuera de la caverna y se lanzó sobre él para impedir que saliera, pero, Atarrabi consiguió escapar. Su sombra, sin embargo, estaba todavía dentro, y el diablo la atrapó.

     Pasaron los años, y Atarrabi se hizo cura. Seguía sin tener sombra, y ésta solamente aparecía en el momento de la consagración durante la misa. Siendo ya muy viejo y pensando en que, un día u otro, tendría que morir, Atarrabi le dijo al sacristán:
     —Tú sabes bien que sólo tengo sombra en el momento de la consagración, y es necesario que yo muera en ese preciso instante. Mañana, durante la misa, en cuanto veas mi sombra junto a mí, me matas.

     El sacristán prometió que así lo haría, pero, llegado el momento, no tuvo ánimos.
    —Mira, no tiene por qué darte pena, pues si no me matas cuando tenga sombra, moriré en cualquier otro momento y no podré salvarme porque estaré en poder del diablo para toda la eternidad.

     Al día siguiente el sacristán volvió a intentarlo pero, de nuevo, le asaltaron las dudas.
     —Has de prometerme —le dijo Atarrabi— que mañana me matarás. Luego dejarás mi cuerpo encima de una roca; si son cuervos los que se lo llevan, me habré condenado; si, son palomas, me habré salvado.

     Lo volvieron a intentar y, en el momento en que apareció la sombra, golpeó la cabeza de Atarrabi y lo mató en el acto. Puso luego el cadáver encima de una roca y vio que llegaba una bandada de palomas y se llevaba el cuerpo. Así, Atarrabi había escapado, por fin, de las garras del diablo.