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viernes, 24 de julio de 2015

MARI, LA DIOSA VASCA

         Mari, personificación de la madre tierra, es reina de la naturaleza y de todos los elementos que la componen. Tiene el dominio de las fuerzas del clima y del interior de la tierra. Entre sus misiones está el castigar la mentira, el robo y el orgullo. De ella vienen los bienes de la tierra y el agua de los manantiales. Generalmente se presenta con cuerpo y rostro de mujer, elegantemente vestida, pudiendo aparecer también en forma híbrida de árbol y de mujer con patas de cabra y garras de ave rapaz, o como una mujer de fuego, un arco iris inflamado o un caballo que arrastra las nubes. Cuando Mari se acerca, se anuncia con una tormenta. En su forma de mujer aparece con abundante cabellera rubia que peina, al sol, con un peine de oro.

          Su consorte es Maju o Sugaar, sus asistentes las sorginas, y tiene dos hijos: Mikelats, el hijo perverso y Atarrabi (o Atagorri, el hijo bondadoso), que están siempre enfrentados, una representación paleocristiana del bien y del mal.

         Habita en cuevas en diferentes montes, aunque su morada principal se sitúa en la cueva ubicada en la impresionante pared vertical este del Amboto, justo bajo la cumbre, en el Parque Natural de Urkiola. En varios relatos se menciona que Mari vive en Anboto siete años y se traslada por el cielo al monte Txindoki para vivir otros siete, alternando así su residencia. En estas cuevas recibe a sus fieles, los cuales deben guardar un estricto protocolo:
  • Se le debe tutear (hablándole en hika).
  • Hay que salir de la cueva de la misma forma que se entró.
  • No hay que sentarse nunca, incluso recibiendo la invitación de hacerlo, mientras se habla con ella.
         Con los hombres se comporta de forma tiránica, o todo lo contrario, los llega a enamorar mostrándose como una mujer dócil y trabajadora, pero siempre con fin de impartir justicia por medio de la regla del no: si mientes, negando que posees algo que sí es tuyo, Mari te lo quita. 

        Aunque todas estas leyendas en que se basa la tradición de Mari son posteriores al cristianismo, Mari se asemeja más a Gea, ya que vive en las cuevas, y a todas las diosas de la fertilidad y del amor, por el mismo motivo, y porque proporciona frutos y regalos.

       También se la conoce con los nombres de Anbotoko Dama (la dama de Anboto), Aralarko Dama (la dama de Aralar), Muruko Damea (la dama de Muru), Aketegiko Sorgina (la bruja de Aketegi), Bideko Emazte Xuria (la dama blanca del camino), Arpeko Saindua (la santa de la cueva) …
     
       Aparece en diferentes formas, según las zonas. En Durango, sosteniendo en sus manos un precioso palacio de oro, en Amezketa se la ha visto surcando los cielos en un carruaje de oro tirado por cuatro caballos, en Oñate sobre un carnero, etc. Pero en otras leyendas toma forma de animal, de ráfaga de viento, de hoz ardiendo, de nube o arco iris. También aparece a la entrada de su cueva con un carnero al lado, su animal predilecto.

         En la población de Amazketa (Guipúzcua), cuenta la leyenda que una mañana, una joven de Amezketa llamada Kattalin fue al monte con el rebaño de ovejas. Al final del día recogió las ovejas, pero se percató de que faltaba una, y fue a buscarla. Siempre le habían dicho que cuando Mari estaba en el Txindoki no se acercase por su morada, pero debía encontrar la oveja y subió por la ladera. Al rato, encontró a la oveja en la entrada de una cueva, y junto a ella una elegante y bella mujer. Era Mari, que le preguntó quién era y de qué familia. Kattalin le contó que no tenía familia y que las ovejas eran de un señor del pueblo. Entonces Mari le propuso que se quedase a vivir con ella, y si permanecía por siete años junto a ella para ayudarla, la haría rica.

         Así fue que Kattalin se quedó ayudando a Mari y ésta le enseñó a hilar, a hacer pan, las cualidades mágicas de las platas, el idioma de los animales, y otras muchas habilidades. Pero pasó rápido el tiempo y después de siete años, cuando llegó el día, Mari le dijo:

               -Kattalin, has cumplido tu palabra, me has ayudado honradamente y has sido obediente. Yo tengo que partir y como te prometí que te haría rica, toma!

         Mari le regaló un gran trozo de carbón. La joven quedó decepcionada, pero no se atrevió a decir nada. Al salir de la cueva el carbón empezó a brillar y se convirtió en oro. Kattalin, radiante de felicidad, bajó al pueblo, compró casa y rebaño y pudo vivir feliz sin tener que estar bajo las órdenes de nadie.
Antigua representación de la Diosa Mari
 Fuentes: Wikipedia, Amaroa, Mitología Vasconia

martes, 21 de julio de 2015

EMPUSA

        La Empusa es una criatura fantástica del folclore griego antiguo, identificada a veces con Lamia, y al igual que ellas, se las considera las precursoras de las leyendas de vampiros, ya que, se dice, chupan la sangre de los jóvenes para adquirir consistencia y vitalidad.  Sólo así se liberan de su propio horror consistente en saber que no son nada más que un vacío revestido de apariencias quiméricas y cambiantes, ya que al parecer podían cambiar de forma a voluntad.

         En las Ranas de Aristófanes aparece como guardiana del Hades. Asociada a la diosa infernal Hécate, tiene el don de cambiar de forma, adoptando apariencia de animal doméstico (perro, vaca) o de bella hetera (era el nombre que recibían en la antigua Grecia las cortesanas, es decir, una forma de compañía sofisticada mezclada con prostitución). Cuando se hace pasar por mujer, se la reconoce porque una de sus patas es de bronce (uno de los personajes de Aristófanes añade, quizá bromeando, que la otra de "excremento de vaca"). Le agrada merodear por parajes desiertos, sobre todo cuando hay luna llena.

        En la Vida de Apolonio de Tiana de Filóstrato (160-249) una empusa toma forma humana para seducir a un joven estudiante de filosofía, Menipo. Por fortuna, Apolonio se ocupa de desenmascararla y ella acaba admitiendo que se dedica a cebar a jóvenes ardientes e ingenuos para, después de acostarse con ellos, beber su sangre y devorarlos. Ese episodio de la Vida de Apolonio, conocido como La novia de Corinto, ha inspirado a varios autores, como John Keats. Este último le dedicó uno de sus poemas narrativos, Lamia.

         Poco a poco, Empusa fue perdiendo todo rasgo humano. Las leyendas afirman que solo se deja ver cuando hay luna llena, momento en el que recorre los montes y ciertos parajes deshabitados en busca de víctimas humanas o animales; casi siempre bajo la forma de un lobo.

         Solían frecuentar las encrucijadas para conseguir sus presas. Este dato nos hace pensar que el mito de Empusa se había vuelto irreconocible: Apolonio desenmascara a Empusa mediante la palabra, el razonamiento y la observación crítica, pero en la época de sus andanzas rurales bastaba un insulto apropiado para ahuyentarla.
       El cineasta F. W. Murnau hace un guiño a los conocedores del mito en su película Nosferatu, el vampiro: el velero que trae al conde Orlok a Alemania se llama Empusa.

Fuentes: Wikipedia, Espejo GóticoEl Jergón de Long John Silver    


lunes, 20 de julio de 2015

LAMIA

       La Lamia es una criatura femenina que la podemos encontrar en diferentes culturas, como en la Vasca, Íbera, Castellana, Búlgara y Hebrea, y siempre se la define como asusta niños y seductora terrible. A menudo se la asocia con figuras similares de la cultura griega (Empusa) o hebrea (Lilith).

       En la Mitología Grecorromana, encontramos al historiador griego Diodoro Sículo, Laima era una reina de Libia a la que Zeus amó, hija de Poseidón o Belo y Libia. Hera, celosa, la transformó en un monstruo y mató a sus hijos (o, en otras versiones, mató a sus hijos y fue la pena lo que la transformó en monstruo). Lamia fue condenada a no poder cerrar sus ojos, de modo que estuviera siempre obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así descansar, y volver a ponérselos luego. Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer. Sirvieron de modelo para otros seres como, los pequeños monstruos africanos, humanos de la cintura para arriba, que atraían a los viajeros con su agradable siseo y enseñando sus senos, para después matarlos y devorar sus cuerpos.

      En la Mitología Vasca, las lamias son genios mitológicos a menudo descritos con pies de pato, cola de pescado o garras de algún tipo de ave, pero es más frecuente encontrarlas como, mujeres muy hermosas, que viven cerca de los ríos y las fuentes, donde acostumbran a peinar sus largas cabelleras con codiciados peines de oro. Suelen ser amables y la única manera de enfurecerlas es robarles sus peines. Se cuenta también que han ayudado a los hombres en la construcción de dólmenes, cromlech y puentes. A veces se enamoran de los mortales, y llegan a tener hijos. Otras dicen que no son más que la diosa Mari (diosa Vasca). Hay una leyenda que una mujer le robó el peine de oro a una lamia y esta, enfurecida, trató de maldecirla, pero no lo logró, puesto que sonó la campana de la iglesia y eso la salvó, ya que al parecer, las Lamias no pueden pisar suelo sagrado, ni nada que este relacionado. En el sureste de la Península, el mito de las lamias se adapta en la Leyenda de la Encantada, mientras en el norte se encuentra en las anjanas o xanas.

      En la Mitología Castellana también se la describe como una mujeres de singular belleza que peinan sus largos cabellos, alrededor de una fuente, en algún paraje escondido para atraer a la gruta en que viven a los viadantes que se acerquen a esos parajes en una fecha determinada. La más conocida es la lamia o aparecida de Usanos (Guadalajara) en donde una mujer con la característica de ser una lamia se aparece peinando sus cabellos y mirándose en un espejo, en el día de San Juan, teniendo solamente esa fecha para tornar a su estado normal, a condición de que traspase su hechizo a otro ser mortal.

      En la Mitología Búlgara, la lamia es una misteriosa criatura con varias cabezas, que puede hacer crecer una y otra vez si se le cortan (como la Hidra de Lerna). Se alimenta de la sangre de la gente o, matando mujeres jóvenes para realzar su belleza y así poder seducir hombres. Este monstruo atormenta a menudo los pueblos y puede ser encontrado en cuevas o en el subsuelo. En algunas historias tiene alas, en otras su respiración es de fuego. La lamia no tiene sexo, pero se suele considerar del femenino.


Fuentes: Wikipedia