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sábado, 30 de septiembre de 2017

ATARRABI

     En la mitología vasca, Atarrabi, era hijo de la diosa Mari, y tenia un hermano, Mikelats, de los dos hermanos, Atarrabi era el hermano bueno.

     Según una leyenda, un  día, los dos hermanos sen encontraron en una cueva a el diablo. El diablo les dijo que podia enseñarles muchas cosas, pero, a cambio, uno de ellos debería de quedarse con él para siempre. Lo echaron a suertes y le tocó al hermano de Atarrabi. Al ver a su hermano pequeño tan triste y acongojado, Atarrabi se ofreció en su lugar, y el diablo aceptó el cambio. Pero todo fue un truco de su hermano para librarse.

     El diablo preguntaba continuamente:
      —¿Dónde estás, Atarrabi?

     Y Atarrabi tenía que contestar:
      —¡Aquí estoy!

     Atarrabi decidió escapar de allí, se encaminó hacia la salida de la cueva. El diablo lo vio en el instante en que ponía un pie fuera de la caverna y se lanzó sobre él para impedir que saliera, pero, Atarrabi consiguió escapar. Su sombra, sin embargo, estaba todavía dentro, y el diablo la atrapó.

     Pasaron los años, y Atarrabi se hizo cura. Seguía sin tener sombra, y ésta solamente aparecía en el momento de la consagración durante la misa. Siendo ya muy viejo y pensando en que, un día u otro, tendría que morir, Atarrabi le dijo al sacristán:
     —Tú sabes bien que sólo tengo sombra en el momento de la consagración, y es necesario que yo muera en ese preciso instante. Mañana, durante la misa, en cuanto veas mi sombra junto a mí, me matas.

     El sacristán prometió que así lo haría, pero, llegado el momento, no tuvo ánimos.
    —Mira, no tiene por qué darte pena, pues si no me matas cuando tenga sombra, moriré en cualquier otro momento y no podré salvarme porque estaré en poder del diablo para toda la eternidad.

     Al día siguiente el sacristán volvió a intentarlo pero, de nuevo, le asaltaron las dudas.
     —Has de prometerme —le dijo Atarrabi— que mañana me matarás. Luego dejarás mi cuerpo encima de una roca; si son cuervos los que se lo llevan, me habré condenado; si, son palomas, me habré salvado.

     Lo volvieron a intentar y, en el momento en que apareció la sombra, golpeó la cabeza de Atarrabi y lo mató en el acto. Puso luego el cadáver encima de una roca y vio que llegaba una bandada de palomas y se llevaba el cuerpo. Así, Atarrabi había escapado, por fin, de las garras del diablo.

HADA

     En la mitología griega y romana las llaman Hados. Según la tradición son protectoras de la naturaleza, producto de la imaginación, la tradición o las creencias y pertenecientes al mundo de los elfos, gnomos, duendes, sirenas y gigantes.

     Seres de gran belleza, dotadas de talento en construcción u otras artes. Casi siempre suelen estar vinculadas o muy cerca de los bosques y el agua. Además, poseen conocimientos de las plantas, las piedras y los conjuros. 

     En la mitología griega podían ser hombres, caso de su rey Oberón. Otros ven en las Parcas un antecedente de las hadas, al menos de las hadas madrinas.

     Autores como Collin de Plancy (1842, p. 201) y Sherman Loomis (1991) remontan el origen del mundo feélico a la mitología céltica y las historias populares centroeuropeas. Los autores medievales como D'Arras, Couldrette y Thiiring von Ringoltingen recogieron la tradición oral céltica y la unieron a personajes como Melusina, Viviana, la amante del mago Merlín, Morgana o la Dama de la fuente.

     Las leyendas celtas hablan del reino de los Áes Sídhe (pronunciado Os Shi), si bien es importante recalcar que no se habla de la concepción victoriana de la Hadas, esos seres diminutos con alas de mariposa, las cuales son en realidad pixies. Los Áes Sídhe, son seres semidivinos que viven entre este y el otro mundo, con conexiones importantes con la naturaleza y las deidades, la mayoría de los relatos los representan como gente no muy alta, pero de aspecto y altura humana, de tez blanca, ojos claros y pelo muy negro.

     En algunos libros, se menciona que las hadas hacen todas las cosas inocentemente, aunque su comportamiento pueda llegar a ser perverso. En muchos escudos heráldicos de esta época se refleja el mundo de las hadas. Muchos aristócratas querían hacer ver que provenían de un linaje de las hadas.

     En la mitología cántabra se las llama anjanas, cuya característica es que pueden cambiar de apariencia a voluntad. Este mismo tipo de hadas se encuentra en la isla de Gotland, en Suecia. En Galicia se llaman mouras , en Asturias reciben el nombre de xanas, en Cataluña además de fada, se le llaman goljas y en Baleares Dames d'aigua.

     Inicialmente se atribuyeron a las hadas proporciones humanas, pero las diminutas y etéreas criaturas de Shakespeare influyeron poderosamente en las concepciones posteriores de los poetas ingleses.

     Algunas de ellas habían sido mujeres. Estas se convirtieron en hadas a causa de alguna infracción contra la naturaleza. Pueden ser desencantadas de diversas maneras en fechas concretas del año, como en La noche de San Juan y por ejemplo cuando se asoman a las aguas cristalinas y piden ser desencantadas. Para las que se convertían en hadas o cruzaban el límite existente entre el mundo humano y el de las hadas, el tiempo en el espacio cambiaba ya que un día o un mes podía ser un año o un siglo.

     Llegaban a raptar a niños para cambiarlos por seres feéricos totalmente iguales a los niños raptados. Así intentaban crear una estirpe entre humanos y hadas, aunque los niños morían al poco tiempo, ya que eran pálidos y enclenques. En la Edad Media a todos aquellos niños que estaban pálidos y delgados se les consideraba que eran hijos de las hadas y habían ocupado el lugar del verdadero hijo.

     Otras veces engatusaban a un hombre de noble estirpe transformándose en mujeres de belleza inigualable para quedarse embarazadas de estos y dar a luz un ser mitad humano y mitad feérico. Para que el ser sobreviviera, el marido no debía de rezar nunca y jamás deberían ver a las hadas desnudas por completo.

     Hay muchas clases de hadas, pero todas ellas independientes de la mitología celta en la que tienen origen, siendo todas ellas especulaciones y mezclas de distintas mitología. Estas clasificaciones y asociaciones con los elementos son contemporáneas, creadas por los creyentes de esoterismo y espiritismo. Algunas de estas clasificaciones son:
  • Lamias, hadas de la mitología vasca. Poseen largos cabellos. Sus pies son palmeados, como los de un pato, exceptuando a las Itxaslamiak, las lamias marinas, semejantes a sirenas.
  • Ninfas, hadas de la mitología griega que pueden ser:
  • Sílfides, hadas de los vientos;
  • Salamandras, hadas del fuego.
  • Drinfas, hadas de la tierra.
      Como dato curioso, Sir Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, fue engañado por unas niñas que se fotografiaron con figuras de papel en forma de hadas, a las que el consagrado escritor atribuyó autenticidad.

Fuente: Wikipedia

lunes, 10 de julio de 2017

MIKELATS

     En la mitología vasca, hijo malo de Mari (diosa de la creación).   Es visto como un ser maléfico por los campesinos. Según cuenta una leyenda, forma las tormentas y las lanza contra los rebaños y las cosechas, para castigar a los humanos que no respetaban a su madre.

     Estudió junto con su hermano, Atarrabi, en una caverna con el diablo. Pero había una condición:  una vez concluidos sus estudios, uno de los dos debería quedarse en aquel lugar tenebroso. Llegado el momento la suerte quiso que el que tuviera que quedarse fuera el  mismo, pero su hermano, que poseía un gran corazón, en el último momento decidió intercambiar su lugar, para que su hermana fuera libre.

Fuente: Seres Míticos y Personajes Fantásticos Españoles, de Manuel Martín Sánchez
             http://www.hapi-live.com/ 

viernes, 16 de junio de 2017

SORGINAS / SORGIÑAS

Las Brujas, de Goya
     Sorgina quiere decir bruja en euskera. Las leyendas las sitúan como asistentes de la diosa Mari en su lucha por hacer pagar cara la mentira. Como personajes históricos, las "sorginak" se reunían las noches de los viernes en un "aquelarre" para celebrar rituales mágico-eróticos, que han pasado a la historia debido especialmente al célebre proceso de las Brujas de Zugarramurdi. No hay que confundir este término con el de adivino/a, que recibe el nombre de azti.

     En sus orígenes, según Julio Caro Baroja, "la Brujería vasca aparece ligada a una peculiar situación social del país y adherida a una tradición de paganismo, que hacía decir a varias personas del siglo XV que los vascos, tan católicos hoy, eran gentiles (paganos)". 

      En 1466 una representación de Guipúzcoa se dirigió al rey de Castilla Enrique IV para pedirle que autorizara a los alcaldes para que se pudieran sentenciar y ejecutar sin posibilidad de apelación en casos de brujería, alegando que las brujas estaban causando grandes daños y perjuicios en la provincia. El rey accedió por una real cédula fechada en Valladolid el 15 de agosto de aquel mismo año. 
     Hacia 1500 se abren varios procesos contra los brujos y brujas de la sierra de Amboto (en el Señorío de Vizcaya) en la que se dice que vive una especie de divinidad llamada la "Dama de Amboto". En esta ocasión ya se habla de rituales de adoración al diablo en figura, entre otras, de macho cabrío. Siete años después aparece otro foco de brujería en un lugar no precisado que hace que intervenga el tribunal de la Inquisición española de Logroño, produciéndose la quema de unas treinta supuestas brujas.

     En 1517 se publica un tratado sobre supersticiones (Tractatus de Superstitionibus) de Martin de Arles, canónigo de Pamplona, que parece que se escribió en el siglo anterior, y en el que se refiere a las brujas del reino de Navarra. En el libro recoge la idea tradicional de la Iglesia, que arranca de Agustín de Hipona, que considera que lo que hacen las brujas es una ilusión provocada por el diablo.

      En 1527 surge un nuevo caso en Navarra. En ese año dos niñas se presentan ante el Consejo Real de Navarra en Pamplona declarándose brujas, ofreciendose para delatar a otras de su oficio, alegando que sólo entre ellas se identifican. Los oidores del Consejo les creyeron y nombraron a un inquisidor llamado Avellaneda para que junto con un grupo de cincuenta soldados fuera de pueblo en pueblo por los valles del Pirineo Navarro deteniendo a quienes señalaran las niñas. Siguiendo el procedimiento propuesto por éstas, mirar el ojo izquierdo de los sospechosos, fueron detenidos ciento cincuenta presuntos brujos y brujas. 

     En 1528 hubo una campaña contra la brujería en el Señorío de Vizcaya llevada a cabo por fray Juan de Zumárraga nombrado inquisidor y en la que también participó Avellaneda y Sancho de Carranza, inquisidor de Calahorra. En 1530 las Juntas Generales de Guipúzcoa pidieron la intervención de un inquisidor para que acabara con las brujas, quien según la tradición murió envenenado por ellas. Hubo otro foco en Navarra en 1538 que dio lugar a numerosas detenciones y en 1555 varios pueblos de Guipúzcoa volvieron a reclamar la intervención de la Inquisición, pero el Consejo de la Suprema Inquisición estimó que los casos que habían sido relatados en los memoriales que se le habían enviado no habían sido verificados, ni comprobados, por lo que no envió ningún inquisidor. Ese mismo año un tribunal civil de Bilbao abrió un proceso contra unas supuestas brujas de la localidad vizcaína de Ceberio, basándose en el testimonio de dos niñas, al parecer instigadas por los dos bandos enfrentados en el pueblo. Veintiuna personas fueron encarceladas, diecisiete mujeres y cuatro hombres, y condenadas al tormento de agua y cordel. En 1575 hubo un nuevo caso en Navarra y bastantes hombres y mujeres fueron encarcelados por orden del Consejo del reino. Como en 1555 la Inquisición se mostró mucho más prudente que las autoridades civiles que exigían un castigo ejemplar y se negó a emplear un rigor excesivo. En 1595 los representantes de la villa de Tolosa en las juntas generales de Guipúzcoa piden la intervención de la Inquisición debido a la gran cantidad de brujos y brujas que había en su zona.
     En la actualidad, la brujería vasca no ha desaparecido. En 1826 el alcalde de Fuenterrabía extendió un certificado a una mujer, a petición de ésta, en el que se hacía constar que no era bruja, sino católica apostólica romana. Al parecer se trataba de una curandera a la que un cliente insatisfecho la había denunciado. En épocas más recientes ha habido indicios, recogidos por Julio Caro Baroja, de que "algunas gentes han celebrado reuniones de aire misterioso y de intención diabólica".
     Hay lugares que se consideran puntos de reuniones de brujas, como las cuevas de Zugarramurdi o la de Azcondo, el dólmen de Arrizala (Álava), la fuente de Narbaja (Álava), o la peña de Osquia, en el valle de Iza (Navarra), entre otros. Así al pasar por ellos se tomaban precauciones como coger guijarros y trazar una cruz con ellos.

Fuente: Wikipedia

jueves, 2 de marzo de 2017

SUGAAR

     Sugaar, también llamado Sugar o Maju, Suarra, Sugahar, Sugoi o Maiu, es una deidad de la mitología vasca precristiana. Es una divinidad de carácter masculino, consorte de la diosa Mari, y padre de Mikelats (hijo perverso) y Atarrabi (hijo bondadoso).

     Sugaar es capaz de cambiar de forma, tomando generalmente forma humana o forma de serpiente o dragón.

     Tiene diversas moradas terrenales, como, en las cuevas de Amunda (o Agamunda) y de Atarreta, ambas en el pueblo guipuzcoano de Ataun; o en la cueva de Baltzola en Batzolamendi, en el barrio de Indusi en Dima (Vizcaya).

     Una leyenda vizcaína lo vincula al origen mitológico del linaje de los señores de Vizcaya. Según esta leyenda, una princesa escocesa refugiada en Mundaca tuvo un encuentro erótico con Sugaar, de donde nacería Jaun Zuria, primer Señor de Vizcaya que venció a las tropas leonesas o asturianas en la también mítica batalla de Padura, persiguiendo a los invasores hasta llegar al Árbol Malato, en el que estableció la frontera de Vizcaya.

     En Ataun, se podía ver a Sugaar surcando el firmamento en forma de hoz o media luna de fuego, y que esto era también presagio de tormentas y tempestades. También castigaba a quienes desobedecen a sus padres o han sido malditos por ellos. Por ello, está considerado como una figura negativa, llegándose a compararle con el mismísimo diablo en algunos lugares. 

martes, 18 de agosto de 2015

BASAJAUN

            Basajaun o Baxajaun, el llamado "Yeti Vasco", es el Señor del Bosque o el "Señor Salvaje": son unos personajes de la mitología vasca y aragonesa enormes y muy fuertes, que los primeros pobladores de aquellas tierras encontraron habitando en esos montes. Su pareja femenina se llama Basandere (Señora del Bosque o "Señora Salvaje"). Junto con Tartalo y los Gentiles (Jentilak), forma parte del grupo de gigantes de montaña en la mitología vasca.

           Habitaban en los bosques de Gorbea (Álava) y también en Irati (Navarra) y en la zona de Ataun, en Guipúzcoa. Poseían forma humana, con el cuerpo cubierto de pelo y una melena muy larga que les llegaba hasta los pies. También existe en la mitología aragonesa de los valles de Tena, Ansó y Broto, donde recibe los nombres de Basajarau, Bonjarau o Bosnerau.

           Era protector de los rebaños de ovejas y éstas indicaban su presencia con una unánime sacudida de cencerros. Cuando se acercaba una tempestad o los lobos, daba gritos y silbidos en la montaña para prevenir a los pastores. A cambio, los Basajaun reciben como tributo un trozo de pan que recogían mientras los pastores dormían.

          Aunque en algunos relatos aparecen como unos hombres del bosque terroríficos, de fuerzas colosales con los que era mejor no toparse, mientras que en otros los Basajaun aparecen como los poseedores de los secretos de la arquitectura, agricultura, herrerías y la vida sedentaria, y fue el civilizador Martin Txiki (San Martinico) quien mediante argucias les fue arrebatando sus secretos para divulgarlos a la humanidad.

          Se cuenta que los basajarau tenían montones de trigo guardados para sembrar. San Martinico apostó con los basajarau que era capaz de saltar por encima de los enormes montones. San Martinico perdió la apuesta pero algunos granos de cereal quedaron dentro de sus botas, de esa manera logró hacer llegar el cereal a los hombres, pero no sabían la época de la siembra. San Martinico decidió volver a la cueva de los basajarau para descubrirlo, y escuchó una canción que decía: «Si los hombres supieran esta canción, bien se aprovecharían de ella: al brotar la hoja, siémbrese el maíz; al caer la hoja, siémbrese el trigo; por San Lorenzo, siémbrese el nabo».

           En otra ocasión mandó a un niño a hablar con los basajarau para que les dijera que ya sabía cómo se fabricaba una sierra. Uno de los basajarau le dijo que entonces San Martinico debía de haberse fijado en la hoja del castaño, así fue como indirectamente se enteró San Martinico de cómo se fabricaban las herramientas para trabajar la madera. Al enterarse el basajarau de esto bajó de noche a casa de San Martinico y torció alternativamente los dientes de la sierra, queriendo así inutilizarla. Sin embargo lo que hizo fue mejorarla y así se inventó la sierra triscada.

           Otro día mandó a un pregonero a los basajarau diciendo que ya sabía cómo soldar el hierro con el acero. Entonces el basajarau le dijo ""Ah, sin duda mojó con agua arcillosa ambas piezas", a lo que respondió el pregonero: "No lo hizo pero así lo hará".

         También consiguió averiguar que el eje del molino debía de ser de tilo en vez de roble, que se desgastaba muy rápidamente, así pues los hombres empezaron a beneficiarse del uso del molino en todo el mundo.

          Basajaun es un personaje similar a los encontrados en todo el continente Euroasiático en forma de Ogros, Trolls, Yetis y demás "hombres del Bosque" que algunos antropólogos y etnógrafos vinculan al recuerdo de nuestra coexistencia con el hombre de neanderthal y que ha quedado escrito en nuestra memoria colectiva en forma de mitos y leyendas.

El Basajaun de Garay (lo podéis ver en esta imagen) se encuentra en el bosque de Busturia, que forma parte del itinerario mitológico de la zona de Urdaibai. Diario Rural
 Fuentes: Wikipedia

viernes, 24 de julio de 2015

MARI, LA DIOSA VASCA

         Mari, personificación de la madre tierra, es reina de la naturaleza y de todos los elementos que la componen. Tiene el dominio de las fuerzas del clima y del interior de la tierra. Entre sus misiones está el castigar la mentira, el robo y el orgullo. De ella vienen los bienes de la tierra y el agua de los manantiales. Generalmente se presenta con cuerpo y rostro de mujer, elegantemente vestida, pudiendo aparecer también en forma híbrida de árbol y de mujer con patas de cabra y garras de ave rapaz, o como una mujer de fuego, un arco iris inflamado o un caballo que arrastra las nubes. Cuando Mari se acerca, se anuncia con una tormenta. En su forma de mujer aparece con abundante cabellera rubia que peina, al sol, con un peine de oro.

          Su consorte es Maju o Sugaar, sus asistentes las sorginas, y tiene dos hijos: Mikelats, el hijo perverso y Atarrabi (o Atagorri, el hijo bondadoso), que están siempre enfrentados, una representación paleocristiana del bien y del mal.

         Habita en cuevas en diferentes montes, aunque su morada principal se sitúa en la cueva ubicada en la impresionante pared vertical este del Amboto, justo bajo la cumbre, en el Parque Natural de Urkiola. En varios relatos se menciona que Mari vive en Anboto siete años y se traslada por el cielo al monte Txindoki para vivir otros siete, alternando así su residencia. En estas cuevas recibe a sus fieles, los cuales deben guardar un estricto protocolo:
  • Se le debe tutear (hablándole en hika).
  • Hay que salir de la cueva de la misma forma que se entró.
  • No hay que sentarse nunca, incluso recibiendo la invitación de hacerlo, mientras se habla con ella.
         Con los hombres se comporta de forma tiránica, o todo lo contrario, los llega a enamorar mostrándose como una mujer dócil y trabajadora, pero siempre con fin de impartir justicia por medio de la regla del no: si mientes, negando que posees algo que sí es tuyo, Mari te lo quita. 

        Aunque todas estas leyendas en que se basa la tradición de Mari son posteriores al cristianismo, Mari se asemeja más a Gea, ya que vive en las cuevas, y a todas las diosas de la fertilidad y del amor, por el mismo motivo, y porque proporciona frutos y regalos.

       También se la conoce con los nombres de Anbotoko Dama (la dama de Anboto), Aralarko Dama (la dama de Aralar), Muruko Damea (la dama de Muru), Aketegiko Sorgina (la bruja de Aketegi), Bideko Emazte Xuria (la dama blanca del camino), Arpeko Saindua (la santa de la cueva) …
     
       Aparece en diferentes formas, según las zonas. En Durango, sosteniendo en sus manos un precioso palacio de oro, en Amezketa se la ha visto surcando los cielos en un carruaje de oro tirado por cuatro caballos, en Oñate sobre un carnero, etc. Pero en otras leyendas toma forma de animal, de ráfaga de viento, de hoz ardiendo, de nube o arco iris. También aparece a la entrada de su cueva con un carnero al lado, su animal predilecto.

         En la población de Amazketa (Guipúzcua), cuenta la leyenda que una mañana, una joven de Amezketa llamada Kattalin fue al monte con el rebaño de ovejas. Al final del día recogió las ovejas, pero se percató de que faltaba una, y fue a buscarla. Siempre le habían dicho que cuando Mari estaba en el Txindoki no se acercase por su morada, pero debía encontrar la oveja y subió por la ladera. Al rato, encontró a la oveja en la entrada de una cueva, y junto a ella una elegante y bella mujer. Era Mari, que le preguntó quién era y de qué familia. Kattalin le contó que no tenía familia y que las ovejas eran de un señor del pueblo. Entonces Mari le propuso que se quedase a vivir con ella, y si permanecía por siete años junto a ella para ayudarla, la haría rica.

         Así fue que Kattalin se quedó ayudando a Mari y ésta le enseñó a hilar, a hacer pan, las cualidades mágicas de las platas, el idioma de los animales, y otras muchas habilidades. Pero pasó rápido el tiempo y después de siete años, cuando llegó el día, Mari le dijo:

               -Kattalin, has cumplido tu palabra, me has ayudado honradamente y has sido obediente. Yo tengo que partir y como te prometí que te haría rica, toma!

         Mari le regaló un gran trozo de carbón. La joven quedó decepcionada, pero no se atrevió a decir nada. Al salir de la cueva el carbón empezó a brillar y se convirtió en oro. Kattalin, radiante de felicidad, bajó al pueblo, compró casa y rebaño y pudo vivir feliz sin tener que estar bajo las órdenes de nadie.
Antigua representación de la Diosa Mari
 Fuentes: Wikipedia, Amaroa, Mitología Vasconia

lunes, 20 de julio de 2015

LAMIA

       La Lamia es una criatura femenina que la podemos encontrar en diferentes culturas, como en la Vasca, Íbera, Castellana, Búlgara y Hebrea, y siempre se la define como asusta niños y seductora terrible. A menudo se la asocia con figuras similares de la cultura griega (Empusa) o hebrea (Lilith).

       En la Mitología Grecorromana, encontramos al historiador griego Diodoro Sículo, Laima era una reina de Libia a la que Zeus amó, hija de Poseidón o Belo y Libia. Hera, celosa, la transformó en un monstruo y mató a sus hijos (o, en otras versiones, mató a sus hijos y fue la pena lo que la transformó en monstruo). Lamia fue condenada a no poder cerrar sus ojos, de modo que estuviera siempre obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así descansar, y volver a ponérselos luego. Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer. Sirvieron de modelo para otros seres como, los pequeños monstruos africanos, humanos de la cintura para arriba, que atraían a los viajeros con su agradable siseo y enseñando sus senos, para después matarlos y devorar sus cuerpos.

      En la Mitología Vasca, las lamias son genios mitológicos a menudo descritos con pies de pato, cola de pescado o garras de algún tipo de ave, pero es más frecuente encontrarlas como, mujeres muy hermosas, que viven cerca de los ríos y las fuentes, donde acostumbran a peinar sus largas cabelleras con codiciados peines de oro. Suelen ser amables y la única manera de enfurecerlas es robarles sus peines. Se cuenta también que han ayudado a los hombres en la construcción de dólmenes, cromlech y puentes. A veces se enamoran de los mortales, y llegan a tener hijos. Otras dicen que no son más que la diosa Mari (diosa Vasca). Hay una leyenda que una mujer le robó el peine de oro a una lamia y esta, enfurecida, trató de maldecirla, pero no lo logró, puesto que sonó la campana de la iglesia y eso la salvó, ya que al parecer, las Lamias no pueden pisar suelo sagrado, ni nada que este relacionado. En el sureste de la Península, el mito de las lamias se adapta en la Leyenda de la Encantada, mientras en el norte se encuentra en las anjanas o xanas.

      En la Mitología Castellana también se la describe como una mujeres de singular belleza que peinan sus largos cabellos, alrededor de una fuente, en algún paraje escondido para atraer a la gruta en que viven a los viadantes que se acerquen a esos parajes en una fecha determinada. La más conocida es la lamia o aparecida de Usanos (Guadalajara) en donde una mujer con la característica de ser una lamia se aparece peinando sus cabellos y mirándose en un espejo, en el día de San Juan, teniendo solamente esa fecha para tornar a su estado normal, a condición de que traspase su hechizo a otro ser mortal.

      En la Mitología Búlgara, la lamia es una misteriosa criatura con varias cabezas, que puede hacer crecer una y otra vez si se le cortan (como la Hidra de Lerna). Se alimenta de la sangre de la gente o, matando mujeres jóvenes para realzar su belleza y así poder seducir hombres. Este monstruo atormenta a menudo los pueblos y puede ser encontrado en cuevas o en el subsuelo. En algunas historias tiene alas, en otras su respiración es de fuego. La lamia no tiene sexo, pero se suele considerar del femenino.


Fuentes: Wikipedia