En la mitología griega Ápate era una divinidad o daimon que personificaba el engaño o fraude. Fue, junto a Dolos (que personificaba los ardides y las malas artes), uno de los espíritus que salieron de la caja de
Pandora. Ambos eran hijos de
Érebo y de
Nix, o de Nix por ella misma, y solían estar acompañados por los pseudologos (las mentiras). Su equivalente romana era Fraus.
La astuta Ápate habitaba en las colinas cercanas a la ciudad de Amnisos (antigua ciudad y puerto del norte de Creta), pues tenía predilección por los cretenses, famosos embaucadores. Le gustaba especialmente estar cerca de la tumba falsa de
Zeus que había allí.
Colgando de su cinturón estaban todos los trucos y artimañas que usaba la humanidad, sus perjurios, artificios y embaucamientos. En una ocasión, deseando la diosa
Hera vengarse de su marido por su última infidelidad con
Sémele, buscó a Ápate, le convenció con halagos y mentiras para que le prestase su cinturón. Le dijo que lo usaría para disuadir a su marido de tener más amantes mortales y traerlo de nuevo al lecho conyugal, como también para propiciar con él la vuelta del desterrado
Ares al
Olimpo. La convenció y le dio su cinturón mágico, que lo usó para incitar a Semele para que pidiera a Zeus que se le mostrase en su forma natural. La ingenua mortal así lo hizo, y Zeus, que ya había dado su palabra, se le apareció como una tormenta de rayos que la abrasó al instante. Entristecido, Zeus recogió el hijo que ella todavía albergaba en su vientre y terminó de gestarlo en su muslo. Por eso al que luego sería el dios
Dioniso se le llamaba el nacido dos veces.
Fuente: Wikipedia